Se acabó el victimismo

VICTIMISMO

Si en algo estamos de acuerdo quienes compartimos este espacio es que la vida es una mierda. El mundo se ha confabulado en nuestra contra y no hay nada que podamos hacer para cambiarlo, así que lo único que nos queda es el derecho al pataleo, quejarnos amargamente para desahogarnos y compartir las penas. Pues no. Eso se acabó. Se acabó el victimismo, el lamentarnos por ser unos pobres desgraciados predestinados a sufrir, sufrir y sufrir. La vida es una mierda, sí (¿os lo había dicho ya?), y eso es suficiente castigo como para encima martirizarnos y regodearnos en nuestra desgracia.

Me voy de vacaciones. Al carajo ese destino. Me han despedido, ya os lo conté. Pues he decidido que con la indemnización me voy a regalar las mejores vacaciones de mi vida. Me voy con mi hijo, y os puedo asegurar que voy a dejar que me cuiden y que me voy a reír como no lo he hecho en mucho tiempo. Ya os contaré.

Dolor

corazón roto

Estoy de viaje. Tengo ratos de distracción en los que la memoria me da tregua, pero es difícil no caer continuamente en el recuerdo, casi siempre doloroso. La simple visión de un bonito paisaje me traslada a los días de felicidad junto a María, antes de ser padres, y siéndolo… La punzada continúa siendo terrible… ¿En algún momento dejará de serlo?

No sé si llegaré a perdonarla. Me pregunto a menudo si comprendo que me dejara y por qué lo hizo, si habría sido posible comenzar de nuevo los dos juntos. Hago el esfuerzo de ponerme en el papel de ella, y entiendo que el dolor la empujó a marcharse, pero… ¿tuvo que acabar todo así, borrando de un plumazo tantos años en los que fuimos felices?

Me duele tanto recordar a mi hijo, nuestro hijo, que todavía no sé qué siento realmente por la marcha de María. Me duele, pero se me hace muy difícil determinar cuánto, porque pensar en ello me lleva irremediablemente a recordar a Eloy; entonces el dolor se hace insoportable y me obliga a llorar las lágrimas que ya no tengo…

¿Cuánto tiempo puede continuar latiendo un corazón destrozado?

Quiero volver a vivir, pero me cuesta creer que sea posible con el corazón hecho añicos.

Vuelvo a ser alguien

margarita deshojada

Hasta hace unos días me había comportado como una empleada ejemplar. Hacía mi trabajo de forma mecánica y ocupaba mi mente con las historias que me inventaba, pero llegó el momento en que empezaba a cuestionarme mi situación. Ya no era simplemente un alma en pena, destrozada, y dolida con la vida; empezaba a tener nuevas inquietudes y cada vez odiaba más dedicar mi tiempo a limpiar la porquería de otros, aunque me pagaran (mal) por hacerlo. Ya no tendré que preocuparme por ello.

Siento que vuelvo a ser alguien. Y eso es mucho más de lo que logré durante mi vida anterior, la de esposa ejemplar, madre ejemplar, mujer ejemplar, responsable, atenta, coqueta, sonriente… A la mierda tanta ejemplaridad. Pensando en los demás, en lo correcto, lo único que conseguí fue ser abandonada por mi “amante” esposo. Cuando descubrí que tenía unos cuernos de medida XXL (después de todo a Matías le iban las jóvenes no tan ejemplares), el señor se largó sin atreverse a dar explicaciones.

Al principio me culpé por ser tan gilipollas. Tras tantos años de fidelidad incondicional perdí buena parte de mi amor propio, así que me empeñé en buscar el fallo en mí misma. Yo tenía que ser responsable de que aquel cabrón me hubiera engañado. Ahora, sin embargo, estoy recuperando el orgullo y me sigo culpando, pero no por haber fallado en mi matrimonio, sino por no haber sido yo la que abandonara a un tipo que lo único que me provoca ya son náuseas.

A pesar de todo, sí ha quedado algo bueno de mis largos años como mojigata: mi hijo, por quien vale la pena todo el sufrimiento vivido.

Jugar al azar

“Dejarse llevar suena demasiado bien.
Jugar al azar,
nunca saber dónde puedes terminar…
o empezar…”

Esta mañana he tomado la segunda decisión impulsiva en pocos días. La primera fue abrir este blog y volcar en él las sensaciones que creo que en cualquier momento me harán explotar. No sé cómo puedo soportarlo… Pero la verdad es que aquí estoy otra vez, tecleando para nadie, dejando por escrito que me voy, que he tomado la decisión de salir ahí fuera y descubrir si la vida todavía me depara algo.

La culpa la tiene esta canción. La han puesto esta mañana en la radio; no sé por qué me he parado a escucharla y luego la he buscado en Youtube. Dejarse llevar…, jugar al azar…, no saber dónde poder terminar o empezar… El impulso no ha sido esta vez escribir, sino hacer caso a la letra. Me voy de viaje, dejo atrás la nada que es mi existencia y ya veremos si también el dolor que me ahoga. No lo veo probable.

Voy a salir de la ciénaga

ciénaga

La vida es una mierda. Sí, sé que no descubro nada nuevo. Lo escribo para reafirmarme en ello. Es una mierda de la que los miserables no podemos escapar. Lo tienen todo muy bien montado para que vivamos con la falsa ilusión de que es posible, pero la puta verdad es que no. Cuando una cree que existe una pequeña opción de sacar el cuello de la ciénaga la realidad se manifiesta con toda su crudeza para recordarnos cuál es el lugar que nos corresponde. Y aquí estoy, quejándome amargamente de que por culpa de un maldito pastoso, de ésos para los que una mujer de la limpieza del aeropuerto no es más que eso, una vulgar mujer de la limpieza, un ser inferior sin permiso para pensar que debe limitarse a limpiar lo que los pastosos como él dejan caer convencidos de que están realizando una obra de caridad, pues su basura hace posible que seres inferiores como las mujeres de la limpieza cobren un sueldo que les permite malvivir…, por culpa de ese pastoso he perdido mi trabajo de mierda. Porque he tenido la osadía de mirarle a la cara, y ya se sabe que los esclavos no deben mirar a la cara de sus amos.

No he podido contenerme. Es algo que me supera. Hace unos años me habría callado. Habría asumido que la realidad es así. De hecho, ni siquiera me habría planteado la indignidad que supone que un tipo hable de millones como quien habla de caramelos. Pero ahí estaba él, despidiendo a un subordinado por teléfono porque había fracasado una operación millonaria en la Bolsa. Sin inmutarse, entre sorbo y sorbo de cava del que cobran a cien euros la botella. Él, por supuesto, lo tenía gratis, como merecen los buenos viajeros VIP. Es una cuestión de clases, de categoría humana: los ricos son buenos y requieren de los servicios más exclusivos; los pobres somos escoria que debemos satisfacer sus necesidades. Y si la escoria se rebela, a la puta calle.

¿Pero sabéis qué? Esta vez no voy a volver a caer hasta el fondo de la ciénaga. Me voy a mantener a flote y voy a seguir braceando con la idea tozuda de salir de ella. Me he rebajado demasiadas veces, he permitido que me ninguneen demasiado tiempo, he recibido demasiadas bofetadas, y me ha costado demasiadas lágrimas darme cuenta de que merezco vivir dignamente. Limpiando la basura de los demás sentía que, más allá de lo desagradable del trabajo, me estaban pisoteando. Me sentía como una cucaracha, con la diferencia de que la cucaracha genera alguna reacción. En el aeropuerto a las limpiadoras nos obligan a ser invisibles, a no interactuar con la gente, mucho menos mirarla a los ojos y dirigirle la palabra. Somos un mal necesario y como tal nos tratan.

Estoy harta de que me traten como a una mierda. Y lo que tengo que deciros hoy aquí es que no debéis permitir que nadie lo haga. No sois mierdas. Sois personas con inquietudes y deseos, y lo mínimo que deberíamos esperar del mundo en el que vivimos es que se nos permita soñar con llevarlos a cabo. Yo voy a hacerlo. Y, para empezar, voy a buscar a ese tipo indecente para presentároslo, para que pongáis cara a la indignidad que dirige el mundo. Seguro que conocéis montones de ejemplos, no sólo los que nos vienen a todos a la cabeza, sino de experiencias personales. Os invito a que los compartáis.

Por cierto, si los pastosos son despreciables, mucho peores son los gusanos complacientes que se arrastran a sus pies. Uno de ellos, mi ex jefe, un gilipollas integral.

El primer impulso

Noche de luna llena.Autor: Luz A. Villa

Noche de luna llena.   Autor: Luz A. Villa

Me acabo de quedar en paro. Mi mujer me ha abandonado. Mi hijo de seis años murió en un accidente de tráfico. No sé si voy a ser capaz de salir adelante. En realidad, no sé si quiero salir adelante. Mi vida ahora mismo es lo suficientemente detestable para no tener ilusión por vivirla.

Antes del accidente había pensado en un par de ocasiones abrir un blog. Pensaba que podía escribir sobre cosas que me gustaban, como el cine y la pintura. No lo hice entonces, y hasta ahora no había vuelto a pensar en ello. La verdad es que no me apetece especialmente estar aquí… No me apetece nada… Pero en este momento he sentido la necesidad de desahogarme y por eso me he puesto a teclear. No sé si volveré a hacerlo. Quizás ni siquiera vuelva a entrar en esto que por el momento no siento que sea mi blog.

Ha sido una decisión impulsiva… Y pensándolo bien, llevaba seis meses sin hacer nada en respuesta a un impulso. ¿Será una buena señal? ¿Significará que me queda fuerza vital en esta alma destrozada? Quienquiera que lea esta estupidez quizás no lo descubra nunca… Puede que ni yo mismo lo haga… Es como el enfermo terminal que tras semanas de delirio recupera la lucidez para despedirse. No sé si será mi caso…