El limbo de los libros olvidados no es un concepto romántico

Con la vida a cuestas

‘Con la vida a cuestas’, en la Casa Rural La Cueta Alto Sil.

La última vez que me asomé por aquí dediqué mi reflexión a los personajes literarios, concretamente al espacio que ocupan en la mente del autor, y cómo pasan de ser el centro de toda su atención a un mero recuerdo, cariñoso, agradable (o no), emotivo en el mejor de los casos.

Yo puedo considerarme una privilegiada porque dispongo de un espacio propio al que mi creador dirige su atención de vez en cuando, así que por ahora no corro el peligro inmediato de caer en el olvido.

Pero (si habéis leído Con la vida a cuestas) sabéis que no soy conformista, ya no. La vida es demasiado corta y no ofrece tantas oportunidades como para limitarse a verlas venir. No es tan fácil darse cuenta de ello ni, lo más importante, pasar a la acción. Quién sabe, si el cabrón de mi ex no se hubiera largado seguramente ahora seguiría siendo una mojigata ignorante, atrapada en una existencia sumisa e invisible.

De todas formas, hoy no pensaba hablar de mí, no al menos en exclusiva.

En mis largas temporadas de silencio tengo mucho tiempo para pensar, y últimamente he estado profundizando en la reflexión sobre la supervivencia de los personajes. Puede que el tema me esté obsesionando un poco…

Hay algo indiscutible: los personajes literarios tenemos una ventaja respecto a los seres de carne y hueso, y es que nunca morimos. Vale, sí, es obvio que algunos lo hacen en el curso del relato del que forman parte, pero vuelven a la vida cada vez que alguien abre el libro que habitan. Resucitan una y otra vez, no hay nada que limite nuestra esperanza de vida.

En la práctica, sin embargo, quizás no muramos, pero sí podemos quedar atrapados en el limbo de los libros olvidados. Y no, no es un concepto romántico para adornar cuadernos; es una grandísima putada.

En realidad, que eso ocurra es lo más probable por una simple cuestión estadística. Si cada año se publican millones de títulos en todo el mundo, que alguien lea ése del que formas parte (más allá de la familia del autor) ya es en sí un hecho sumamente improbable.

La cuestión realmente significativa entonces es: ¿qué más da que tu creador te recuerde con cariño o que incluso te conceda un blog si el libro que te da la vida no lo lee nadie?

Así que ahí me tenéis, atrapada en mi limbo particular, corroyéndome en mi inconformismo mientras me devano los sesos buscando la fórmula mágica que convierta a Con la vida a cuestas en un libro inmortal e inolvidable.

Benjamín me dice que no me preocupe tanto, que acabaré desarrollando una úlcera, pero claro, él ha escrito otras historias y escribirá más. No lo apuesta todo a una carta.

Y para que le dé una oportunidad al optimismo me enseña la foto que encabeza este texto. «Mira, es en La Cueta. Dalmacio tiene el libro a la vista de todos los que van a alojarse en la casa rural y lo recomienda. Asegura que muchos lo leen y que todavía no ha encontrado a ningún lector descontento. Así que, por los menos en Babia, estáis muy vivos».

Eso está muy bien. Sé que es más de lo que consigue la inmensa mayoría de novelas, pero ya os he dicho que soy inconformista, de modo que voy a seguir comiéndome la cabeza.

Mientras tanto, no estaría mal que leyerais Con la vida a cuestas y la recomendarais a todo el mundo.

La lucha contra el olvido

Con la vida a cuestas

‘Con la vida a cuestas’ en el Parque Natural de Somiedo, uno de los escenarios de la novela.

“La historia de Alberto, Rosa y María es la que más me ha gustado. Muy buen libro que voy a recomendar seguro. Te hace ver la realidad de lo que es la vida, que cada uno tiene su historia y sus problemas y que quejándose no se soluciona nada, y quedándote con el problema tampoco. La verdad que muy bien expresadas todas, la pura realidad de las personas”.

Es la opinión de Jennifer, una lectora de Con la vida a cuestas satisfecha. Os podéis imaginar que a Benjamín le gusta recibir comentarios como este. A mí me gustarían más si se refirieran a mi historia, que es bien interesante, aunque el autor no le diera todo el protagonismo que hubiera merecido. Me consta que varios lectores echaron de menos más presencia de esa luchadora que es Lorena, o sea, yo.

Hacía mucho que no aparecía por aquí; demasiado. Tenéis que comprender que, por muy independiente que aparente ser, al fin y al cabo soy un personaje literario. Mi autonomía está tristemente muy limitada. Si a mi creador no le da por darme bola, yo poco más puedo hacer que dar la tabarra desde el rinconcito que ocupo en su cerebro.

Es complicado mantener una presencia significativa en la mente de un escritor. Mi época de gloria acabó en el momento en que se puso a pensar en su siguiente obra, y ahora me tengo que conformar con robarle unos minutos muy de vez en cuando para revivir el espejismo de sentirme importante.

Mientras escribo estas líneas debo pelear por mantenerme a flote, por no verme arrastrada de nuevo a mi rinconcito insignificante. Hay tantos personajes que reclaman atención… Los de las historias ya escritas y los que acaban de llegar. Son como extranjeros que aterrizan en un país del que apenas conocen lo básico. Acaban de bajar del avión y tratan de hacerse con la nueva situación. Los veteranos los miramos por encima del hombro, pero en realidad no estamos más que autoengañándonos, porque muy pronto se convertirán en los verdaderos y únicos protagonistas.

De todas formas, no debería quejarme. Al fin y al cabo mi historia tiene principio y final. Soy la coprotagonista de una novela preciosa (qué voy a decir yo) en la que, aunque (insisto) debería tener más presencia, aparecen otros muchos personajes en los que el autor ya apenas repara. Pobres. No es justo, porque todos ellos cumplieron con su papel con irreprochable profesionalidad.

Sin embargo, hay personajes de los que aún me compadezco más. Me los encuentro en mis paseos a través de las conexiones neuronales totalmente perdidos, desconcertados, incapaces de encontrar explicación al abandono al que han sido condenados.

Se trata de los personajes de una historia inconclusa. Yo les doy palmaditas en el hombro y les digo que no se preocupen, que ya verán cómo cuando menos se lo esperen, recuperarán el protagonismo perdido. Debe ser muy duro pasar del “estrellato” al abandono. Menos mal que no es mi caso. Con lo que sufrí yo el abandono (no el literario) y lo que me costó recuperar la confianza en mí misma…

Alberto, Rosa y María… En verdad, es normal que su historia guste. Tiene los ingredientes necesarios para enganchar. Yo me identifico con ambas mujeres. María me recuerda a mí misma cuando andaba tan perdida, cuando el mundo me parecía un escenario tan inmenso que me veía incapaz de subirme a él. Ninguna madre debería pasar por una experiencia tan terrible… Y Rosa… Rosa es un torbellino, es el espejo en el que deberían mirarse todas las mujeres. Me gustaría creer que he alcanzado un grado de autoconfianza como el de ella, ese punto de seguridad en una misma que te permite superar cualquier adversidad.

Yo hablo mucho de ello, digo mucho eso de que “lo más importante es quererse a una misma”, pero no es tan fácil. Sobre todo cuando la vida se empeña en golpearte con saña, en cruzar en tu camino pruebas casi insuperables y auténticos cafres que por el bien de la humanidad nunca deberían haber existido.

Bueno, ya he cubierto mi espacio por hoy. Espero lograr hacerme hueco mucho antes que desde la última vez. Prometo hacerme muy pesada para ocupar los pensamientos de Benjamín.

Mientras tanto, lo que podéis hacer es leer Con la vida a cuestas. Os gustará.

El inspector García

Nueva novela Benjamín Recacha

El inspector García protagoniza la nueva novela de Benjamín Recacha.

Hola. Me llamo Jesús García. Soy inspector de policía, de homicidios. Si han leído Con la vida a cuestas, la segunda novela de Benjamín, ya me conocen. Si no lo han hecho, les diré que soy un poli algo peculiar. Para empezar, no es que esté convencido, sino que sé que mi misión en la vida responde a los designios del Señor.

¿Y esas caras? Las explicaciones se las piden ustedes al escritor. Yo no soy más que un personaje literario. No elegí mi vida, pero les aseguro que represento mi papel con absoluto convencimiento. Cuando uno es elegido por Dios para cumplir la misión que le tiene reservada, no queda más opción que aceptar la responsabilidad.

Muchos dicen que soy un iluminado, pero no lo creo. Cumplir con lo que la vida tiene reservado para cada persona no es cuestión de iluminación, sino de humildad. Quizás si pusiéramos más atención a lo que nos dice el corazón, escucharíamos el mensaje del Señor y el mundo sería un lugar más agradable. Hay demasiada gente perdida dando tumbos por ahí, y muchos escogen el camino equivocado.

Benjamín me ha pedido que les hable de la novela que está escribiendo, en la que soy el protagonista. Los lectores de Con la vida a cuestas ya tuvieron la oportunidad de conocer algo de mi pasado, de cuando trabajaba en Madrid resolviendo casos horribles… Esa experiencia hizo que me diera cuenta de que la maldad existe y que por mucho afán que uno ponga en retirar de la calle a los sirvientes del Mal, siempre hay más dispuestos a tomar el relevo.

El Señor puso a examen mi fe y mi lealtad con pruebas muy difíciles de asumir, y eso me llevó a pedir el traslado a León, un destino a priori más tranquilo. Pero lo que leerán ustedes en la nueva novela, que el autor pretende tener lista durante este año, sucede en Madrid, a finales de los años 90.

Es evidente que sobreviví, al menos biológicamente, pero tuve que hacer renuncias importantes. Sin embargo, ¿qué son las pretensiones individuales, el bienestar egoísta de un solo ser, en comparación con un propósito mayor, como es servir al bien común?

No soy un fanático. Mi relación con el Señor es íntima, basada en la confianza y la lealtad mutuas. No creo en iglesias ni religiones, pero sí creo en las personas…, aunque tras tantos años sirviendo, reconozco que mi fe en el ser humano ha tambaleado en no pocas ocasiones. Nunca olvidaré al maldito asesino de la araña… Suerte que Dios me concedió el regalo de ser padre de Inés. Me pregunto por qué la hizo tan diferente a mí: brillante, descarada, escéptica, tan punzante como cariñosa, tan vital…, tan atea. Todo un reto para un hombre de convicciones firmes.

No les voy a adelantar nada más. Únicamente les diré que Benjamín sigue emborronando páginas y más páginas, y que parece que vuelve a coger ritmo después de un mes poco productivo.

Y una última cosa: si quieren conocerme mejor, quizás les apetezca leer Con la vida a cuestas, una novela sobre la vida, sobre gente que sobrevive y quiere vivir, y en la que pasan muchas cosas. Creo que les gustará.

Vayan con Dios.

Más que un recuerdo

Obra de Fran Recacha

Cuadro de Fran Recacha que ilustra la cubierta de ‘Con la vida a cuestas’.

El primer día del año es un buen momento para volver a aparecer por aquí. Hace demasiado tiempo que no escribo en este paseo por la vida, así que seguramente habíais creído que lo había abandonado. Pero no. Llevaba tiempo pensando en regresar, pero como soy un personaje literario dependo de mi creador para teclear, y resulta que él está bastante ocupado con proyectos diversos que no le dejan tiempo para dedicar a esta humilde luchadora.

Benjamín ya está en pleno proceso de escritura de su siguiente novela, y, como me temía, una vez que su cerebro se ha llenado de nuevas tramas y personajes, nosotros, los que lo acompañamos durante tantos meses, hemos quedado relegados a un rincón de la memoria.

Sin embargo, yo no me resigno a convertirme en un simple recuerdo, y aquí me tenéis, empujándole a rescatarme, a darme voz de nuevo.

Los personajes de Con la vida a cuestas somos demasiado jóvenes aún como para que nos olviden. Tenemos muchas cosas que explicar y nos encantaría que hubiera mucha gente interesada en conocer nuestra historia. Os voy a revelar un secreto: sueño con convertirme en uno de esos personajes inmortales, como los de esas novelas que por muchos años que pasen, el tiempo no pasa para ellas.

Lo sé. Sé que es un sueño muy fantasioso, pero qué gracia tendría la vida si no la llenáramos de fantasía, de sueños por cumplir, de retos que afrontar.

Si habéis seguido algo de mi trayectoria, o si habéis leído mi historia, ya sabéis que la resignación la desterré hace tiempo de mi vida. Un 1 de enero es un buen día para abandonar lo que nos impide crecer como personas, para mirar hacia delante con optimismo o, al menos, con la resolución de no permitir que nadie dirija nuestra vida.

Es curioso que el personaje de un libro pueda plantearse algo así, ¿verdad? Entenderéis entonces lo curioso que resulta para mí que tantas personas de carne y hueso hayan renunciado a vivir, que se dejen llevar y anden inmersas en un bucle de realidad gris que les impide levantar la vista y plantearse que lo más importante que existe son ellas mismas.

Pero bueno, no quiero que penséis que soy otra gurú con recetas mágicas, ni que me cojáis manía como a esas frases sentenciosas ilustradas con bonitas fotos de paisajes y seres requetefelices. Nada más lejos de mi pretensión que parecerme a Paulo Coelho.

Sólo quería pasarme por aquí a saludar y a comunicaros que mi propósito para el nuevo año es aparecer más a menudo. Intentaré convencer a algunos de los otros personajes para que también lo hagan.

¡Feliz 2016!

‘Con la vida a cuestas’ tiene nuevo booktrailer

Doy por hecho que antes de poneros a leerme habéis visto el vídeo. ¿Cómo? ¿Qué no lo has visto? Venga, va, que dura poco más de un minuto. Yo te espero…

¡Que no sigas leyendo hasta que no lo hayas visto! A ver si me voy a enfadar…

Disculpad el resto, pero es que no le dedican un vídeo a una cada día. Sí, ¡soy yo! Esas palabras las escribí yo y… Bueeeeno, vale, no es exacto al cien por cien que la chica de la imagen sea yo… Lo reconozco: tampoco la voz es mía. ¿Pero es que no recordáis que soy un personaje literario?

De todas formas, me hace una ilusión enorme. No hace nada estaba limpiando suelos y lavabos en el aeropuerto y vendiendo croissants en una panadería de mala muerte, y ahora ya me veis, estrella cinematográfico-literaria.

Sí, sí, vosotros reíros, pero con el éxito que las novelas de Benjamín están consiguiendo en la plataforma on line esa, sí, Kobo se llama, pues no os extrañe que más pronto que tarde me veáis protagonizando una peli…

¿Qué dices? ¿Que no me flipe? Va, no seas modesto, que te estás haciendo de oro con los ebooks esos… ¿De qué te ríes? ¡Deja de revolcarte por el suelo, hombre! ¿Qué he dicho que sea tan gracioso? Desde luego, no hay quien entienda a estos escritores…

En fin, que Con la vida a cuestas ya tiene dos booktrailers. El primero lo protagonizaba Alberto, con un fragmento de una de las reflexiones que aparecen en la novela, y en este segundo soy yo la que me pongo trascendente.

Es curioso cómo cuando se le pone voz a los pensamientos éstos parecen ganar profundidad, y más si es una voz como la de Mamen, La chica de los jueves, una de las blogueras del momento.

Benjamín está muy contento de que aceptara la propuesta de ponerme voz. Dice que menos mal que se lo ha pedido ahora, cuando todavía le quedan huecos en la agenda para atender a blogueros “mortales” como él, que en unos meses habrá que pedir cita previa para contactar con ella, y más después de que publique el libro en el que está trabajando, que, según le ha contado, tendrá listo muy pronto.

La verdad es que la chica tiene talento, pero tampoco me parece que sea para tanto… ¿Qué quieres ahora, “pesao”? ¿Cómo? ¿Envidiosa yo? Quita, quita, que no sabes lo que dices.

Bueno, aquí lo dejo por hoy, que ya es hora de recogerse.

Si después de ver el vídeo no resistís la tentación de leer Con la vida a cuestas, aquí tenéis las setenta primeras páginas en descarga gratuita, y aquí los sitios donde lo podéis adquirir, tanto en formato digital como en papel.

Buenas noches. Me voy a soñar con el estrellato en esta noche de luna llena.

Un viaje por los escenarios de ‘Con la vida a cuestas’

Embalse de Barrios de Luna

Embalse de Barrios de Luna, puerta de entrada a Babia.   Foto: Benjamín Recacha

Soy un personaje de ficción. Lorena, la esforzada y asqueada madre separada coprotagonista de Con la vida a cuestas, que en un momento determinado dice basta y decide tomar las riendas de su vida. Soy un personaje de ficción, sí, pero aquí me tenéis, escribiendo, hablándoos desde una pantalla.

A quienes hayáis leído el libro también os habré estado hablando; a través de la voz del narrador, de acuerdo, pero si la historia ha conseguido atraparos, habrá llegado un momento en que esa voz intermediaria se habrá diluido, de forma que los personajes habrán cobrado vida. Cuando eso ocurre, la frontera entre la ficción y la realidad desaparece, al menos mientras uno mantiene las páginas abiertas (o el lector digital encendido). Y es una sensación fantástica, ¿verdad?

Yo leo mucho, sobre todo blogs, aunque también novelas. Os lo podéis creer o no, pero eso no va a cambiar lo que os quiero contar. He leído Con la vida a cuestas… Bueno, está bien, en realidad la he vivido. De lo que os quiero hablar es de la cantidad de escenarios diferentes que aparecen, que en mi opinión casi le llegan a otorgar la etiqueta de literatura de viajes.

En realidad no lo es, porque esos escenarios tienen un papel de complemento; su objetivo es contextualizar y reforzar la carga emocional de la trama, pero, en cualquier caso, os aseguro que dan ganas de hacer más de una escapadita.

Buena parte del relato se desarrolla en la provincia de León… ¿Que si he estado? Mmmm… Vais a tener que leer el libro, porque si me voy de la lengua Benjamín es capaz de cerrarme el blog.

Hagamos un repaso de localizaciones: Barcelona, la gran ciudad, con ese aeropuerto donde he llegado a sentirme tan anulada como persona. Es curioso, también en mi matrimonio llegué a sentirme así, aunque entonces no era consciente de ello… En fin, que me desvío del tema.

Otras ciudades que aparecen son Madrid, Sevilla, Logroño, Pamplona, León, Oviedo…, pero en la mayor parte de los casos cumplen un papel anecdótico. El peso de la novela recae sobre todo en pequeñas ciudades, pueblos y parajes naturales. Yo, por ejemplo, veréis que hago un par de escapadas, a Tenerife y al precioso pueblo granadino de Salobreña.

Alberto visita muchos más lugares. La primera parada en su viaje, físico, pero sobre todo de reconstrucción personal, es en La Rioja, en Nájera, un pueblo que fue reino hace un milenio. Allí descubrirá San Millán de la Cogolla y sus monasterios de Yuso y Suso, y la narración nos llevará también al navarro Valle del Baztán y su capital Elizondo para recordar el trágico pasado de Edurne, “la bruja”.

El siguiente escenario, el más “mágico” para mi gusto, es la comarca leonesa de Babia. Un tesoro escondido, que para muchos no existe más que en el refranero popular. Pues sí, Babia es real, tanto que abruma por su belleza. El embalse de Barrios de Luna nos da la bienvenida a un paraíso natural del que el pueblecito de La Cueta se convierte en Con la vida a cuestas en su capital.

Desde allí, Alberto y otros personajes, como Irina, Ana y Pedro, nos llevan de excursión al Parque Natural de Somiedo, en Asturias, uno de los principales santuarios del oso pardo en España. Aún estoy sobrecogida con el capítulo que protagonizan la osa y sus dos cachorros… Ay, que me voy de la lengua…

No es Somiedo el único enclave asturiano que vamos a visitar con la lectura. También Llanes, Ribadesella, Pechón…, y buena parte de la costa cantábrica, desde la playa de As Catedrais en Lugo hasta San Vicente de la Barquera, ya en Cantabria. Pero, como os decía, la localización principal es la provincia de León.

De Babia a El Bierzo. Villafranca del Bierzo, uno de los puntos clave en el Camino de Santiago, es el enclave central de la tercera parte de la novela. Estoy tentada de dar nombres, pero me voy a tener que contener para no desvelar detalles relevantes…

Sólo diré que dan ganas de hacer un recorrido por todos esos lugares preciosos que aparecen: Ponferrada y su castillo templario, Las Médulas, el Valle del Silencio, los Ancares, otro paraíso natural entre León y Galicia, donde el tiempo parece haberse detenido…

Como veis, la lista es larga. Incluso una parte del relato, en la que conocemos a Helga, la fotógrafa alemana afincada en Villafranca, sucede en Alemania. Vale, vale, ya no digo más.

Sólo añadiré que si decidís darle una oportunidad a esta segunda novela de Benjamín, estoy segura de que os alegraréis de haberlo hecho.

La escritora libre

Con la vida a cuestas - Benjamín Recacha García

Os presento a Rosa, una mujer estupenda que os enamorará en cuanto la conozcáis mejor. Podéis leer su historia o escucharla en la voz de otra periodista y escritora sevillana, Berta, también Carmona (Benjamín me asegura que es pura casualidad).

Rosa es uno de los personajes más importantes con los que se cruza Alberto en su camino Con la vida a cuestas. Pero no os voy a chivar detalles. Vale la pena que leáis el libro. La versión digital, que incorpora otros nueve fragmentos de audio, estará disponible muy pronto.

Os dejo con Berta y Rosa…

http://www.ivoox.com/escritora-libre_md_4509321_wp_1.mp3″

 

Rosa Carmona era una periodista sevillana a la que la crisis había obligado a reconvertirse. Como tantos otros periodistas, se quedó en paro después de que el periódico en el que trabajaba tuviera que echar la persiana. A sus treinta y tantos y una larga carrera profesional desarrollada íntegramente en el ámbito de los medios de comunicación, decidió buscar empleo de lo suyo, pero lo que le ofrecían era basura. No estaba dispuesta a aceptar basura, ni se resignaba a buscar trabajo de “lo que fuera”, de modo que se planteó un nuevo reto: encontrar la manera de vivir de lo que más le gustaba hacer, que era escribir.

Inundó las redacciones de los diarios tradicionales y de los digitales de artículos de opinión y reportajes que publicaba en su blog, con la esperanza de que alguien considerase una buena inversión pagar por sus escritos. Consiguió alguna colaboración en un par de medios locales, que le reportaban unos ingresos ridículos.

A los pocos meses llegó a la conclusión de que por ese camino estaba condenada a comerse los mocos, así que se reunió consigo misma para plantear una nueva estrategia.

“Te gusta escribir. Lo haces bien. Te gusta viajar. Te gusta escribir sobre lo que ves cuando viajas. No tienes ninguna obligación que te ate a tu vida actual. Estás cobrando el paro. Es el momento de liarse la manta a la cabeza”. Y eso hizo.

Dedicó el siguiente año a viajar por España de la manera más económica posible y a explicar la aventura en su blog de forma novelada, desde el punto de vista de un personaje ficticio. Así fue como cobró vida Nadia Montes, una investigadora muy especial que acabaría llamando la atención de una editorial especializada en guías de viaje.

Sus responsables vieron en Nadia un filón para hacer más atractivas las típicas guías. Apostaron por convertirlas en libros de aventuras cuya trama se desarrollaba en escenarios reales. Y el experimento funcionó, de forma que Nadia consiguió una colección propia.

Rosa había sido bastante modesta con Alberto, pues ya había publicado cinco novelas, y en aquel momento estaba inmersa en la sexta, ambientada en buena parte en la provincia de León.

La escritora se había adaptado bien a aquella vida, siempre viajando, descubriendo nuevos lugares y gente interesante; siempre escribiendo, y acompañada por su peludo amigo.

No echaba de menos el hogar, ni las cosas que tradicionalmente van ligadas al hecho de tenerlo. No se arrepentía, por ejemplo, de haber dejado pasar la oportunidad de ser madre. No había sido una decisión consciente, pero tenía claro que no quería ser madre soltera y nunca había encontrado a la persona que le hiciera despertar el instinto maternal. Ahora, a los cuarenta y dos años, se consideraba demasiado mayor para criar a un hijo, ni aunque las circunstancias fueran diferentes.

De hecho, nunca había encontrado a la persona que le hiciera sentir que se estaba perdiendo algo que mereciera la pena por no tener una relación. Cuando comparaba a los tíos que se cruzaban en su vida con Íñigo, siempre salían perdiendo. Cómo iba a tomar en serio a hombres que eran menos interesantes que un perro, por mucho que el suyo fuera el mejor perro del mundo.

Durante su etapa en el periódico había tenido varias parejas. Entonces no tenía perro, pero de haberlo tenido la conclusión habría sido la misma.

Total, que había acordado consigo misma que, salvo sorpresa inesperada, los hombres servían para satisfacer sus necesidades sexuales… y a menudo no lo conseguían.

Rosa era un espíritu libre, que disfrutaba de su independencia. A la vida no le exigía más que la oportunidad de vivirla, y era así como lograba exprimirla para saborear hasta la última gota de jugo.

¡Si hasta tenemos vídeo promocional!

No puedo dejar de verlo, una y otra vez. Hace un rato Benjamín me ha dicho que había colgado en Youtube el primer booktrailer (él es que es muy internacional; se ve que booktrailer queda más profesional que vídeo de promoción) de Con la vida a cuestas, y aquí me tenéis, con la sonrisa tonta, viéndolo en modo de reproducción continua.

Bueno, sólo os quería contar esta novedad que me tiene tan entusiasmada y recordaros que el libro en papel ya está disponible en cuatro librerías: Saltamartí, en Badalona; Consumició Obligatòria, en Barcelona; y Ginesta y Arturo, en Caldes de Montbui. También en Amazon.com, Amazon.es y en el blog del autor, quien me insiste en que os diga que está trabajando en la versión digital y que pronto habrá más novedades.

¿Qué se traerá este hombre entre manos?

Con la vida a cuestas

'Con la vida a cuestas' - Benjamín Recacha García

Las ilustraciones y el diseño de la cubierta son obra de Fran Recacha.

Hola, soy Lorena. A estas alturas ya debéis saber que soy un personaje literario, la coprotagonista de Con la vida a cuestas, la segunda novela de Benjamín Recacha García. También debéis haber deducido que estoy bastante ansiosa por que conozcáis mi historia y la de Alberto, el protagonista de verdad de la historia, aunque, si habéis leído los posts anteriores, os habréis dado cuenta de que él preferiría mantenerse en el anonimato. Es comprensible. Lo ha pasado muy mal. Yo también, pero no es ni mucho menos comparable. Qué suerte que nuestros caminos se cruzaran en la blogosfera.

Llevo semanas nerviosa ante la perspectiva de que conozcáis en detalle lo que os hemos ido avanzando desde principio de año. Creo que os gustará. Benjamín se ha empeñado en que esta novela sea muy especial y nos ha dicho que va a necesitar de toda nuestra ayuda, la de los personajes que, él es consciente de ello, ya hemos escapado a su control. No se está mal entre las páginas de un libro, pero, francamente, es un espacio un poco limitado. Total, que parece ser que el muchacho que cree habernos creado nos va a dar libertad para que expliquemos en este rincón lo que nos apetezca. Que se prepare. Nos ha llegado a prometer que incluso vais a poder escucharnos… Suena muy divertido, pero no tengo muy claro aún cómo pretende hacerlo. Como nos pongamos a hablar todos a la vez esto va a ser un gallinero.

Bueno, no avancemos acontecimientos, que me estoy embalando y hoy en teoría sólo me pasaba por aquí para presentaros la cubierta del libro, que ha quedado genial. Estoy especialmente satisfecha por cómo salgo en la imagen de la portada. Sí, la morenaza soy yo. Este Fran Recacha es un mago con el pincel en la mano.

Ah, por si queréis leer el texto de la contraportada sin forzar la vista más de la cuenta, aquí lo tenéis. Ay, qué poquito falta. Qué nervios…

La vida golpea sin avisar, cruel, despiadada. Alberto, un hombre feliz, pierde a su hijo en un accidente, y su pareja, incapaz de reiniciar juntos el camino, se marcha. Tras meses de dolor sordo y de dejarse llevar sin rumbo, decide darse una última oportunidad emprendiendo un viaje. Una aventura desesperanzada que lo llevará a cruzarse con otras personas que, como él, cargan con la vida a cuestas, y que, sin pretenderlo, irán dando forma a un Alberto diferente, capaz de descubrir nuevos retos vitales.

Paralelamente, Lorena, una mujer resentida con su pasado y con la vida en general, descubrirá a través de la blogosfera el aliciente necesario para recuperar la autoestima. Su experiencia servirá de inspiración a otras almas en pena, incluida la de ese viajante anónimo que carga con una mochila tan pesada…

Dolor, incomprensión, nostalgia, pero sobre todo, amor por la vida, amistad y empatía son los ingredientes que se mezclan para conformar un lienzo repleto de matices.

“He aprendido a convivir con el dolor y la incomprensión hacia un destino cruel y muy injusto. Quizás he superado lo peor, pero ello no significa que vuelva a ser el que era. No creo que nunca lo sea. Tengo que aprender a ser una persona diferente, que siempre va a ir cargando con una mochila muy pesada”.