Con la vida a cuestas

'Con la vida a cuestas' - Benjamín Recacha García

Las ilustraciones y el diseño de la cubierta son obra de Fran Recacha.

Hola, soy Lorena. A estas alturas ya debéis saber que soy un personaje literario, la coprotagonista de Con la vida a cuestas, la segunda novela de Benjamín Recacha García. También debéis haber deducido que estoy bastante ansiosa por que conozcáis mi historia y la de Alberto, el protagonista de verdad de la historia, aunque, si habéis leído los posts anteriores, os habréis dado cuenta de que él preferiría mantenerse en el anonimato. Es comprensible. Lo ha pasado muy mal. Yo también, pero no es ni mucho menos comparable. Qué suerte que nuestros caminos se cruzaran en la blogosfera.

Llevo semanas nerviosa ante la perspectiva de que conozcáis en detalle lo que os hemos ido avanzando desde principio de año. Creo que os gustará. Benjamín se ha empeñado en que esta novela sea muy especial y nos ha dicho que va a necesitar de toda nuestra ayuda, la de los personajes que, él es consciente de ello, ya hemos escapado a su control. No se está mal entre las páginas de un libro, pero, francamente, es un espacio un poco limitado. Total, que parece ser que el muchacho que cree habernos creado nos va a dar libertad para que expliquemos en este rincón lo que nos apetezca. Que se prepare. Nos ha llegado a prometer que incluso vais a poder escucharnos… Suena muy divertido, pero no tengo muy claro aún cómo pretende hacerlo. Como nos pongamos a hablar todos a la vez esto va a ser un gallinero.

Bueno, no avancemos acontecimientos, que me estoy embalando y hoy en teoría sólo me pasaba por aquí para presentaros la cubierta del libro, que ha quedado genial. Estoy especialmente satisfecha por cómo salgo en la imagen de la portada. Sí, la morenaza soy yo. Este Fran Recacha es un mago con el pincel en la mano.

Ah, por si queréis leer el texto de la contraportada sin forzar la vista más de la cuenta, aquí lo tenéis. Ay, qué poquito falta. Qué nervios…

La vida golpea sin avisar, cruel, despiadada. Alberto, un hombre feliz, pierde a su hijo en un accidente, y su pareja, incapaz de reiniciar juntos el camino, se marcha. Tras meses de dolor sordo y de dejarse llevar sin rumbo, decide darse una última oportunidad emprendiendo un viaje. Una aventura desesperanzada que lo llevará a cruzarse con otras personas que, como él, cargan con la vida a cuestas, y que, sin pretenderlo, irán dando forma a un Alberto diferente, capaz de descubrir nuevos retos vitales.

Paralelamente, Lorena, una mujer resentida con su pasado y con la vida en general, descubrirá a través de la blogosfera el aliciente necesario para recuperar la autoestima. Su experiencia servirá de inspiración a otras almas en pena, incluida la de ese viajante anónimo que carga con una mochila tan pesada…

Dolor, incomprensión, nostalgia, pero sobre todo, amor por la vida, amistad y empatía son los ingredientes que se mezclan para conformar un lienzo repleto de matices.

“He aprendido a convivir con el dolor y la incomprensión hacia un destino cruel y muy injusto. Quizás he superado lo peor, pero ello no significa que vuelva a ser el que era. No creo que nunca lo sea. Tengo que aprender a ser una persona diferente, que siempre va a ir cargando con una mochila muy pesada”.

Carta a mi pasado

mar

Hola, María.

Anoche pensé en ti. Lo hago de vez en cuando, pero esta vez te colaste en mis pensamientos sin pedir permiso. Te echo de menos. Sería mentirme a mí mismo no reconocerlo. Echo de menos tu risa, tu pelo revuelto, tu aroma, tus besos. Echo de menos nuestras discusiones, tus enfados, tus reproches, las reconciliaciones en torno a una tableta de chocolate negro.

Te echo tanto de menos que me duele pensar en ti y, sobre todo, me duele la forma como te fuiste. Entonces no fui consciente de cuánto me dolía, pero ahora sí. Ahora que noto que empiezo a ser una persona viva otra vez, que he dejado de ser un zombi, es cuando más siento el dolor por lo que pasó y cuando menos comprendo que me dejaras de la forma como lo hiciste.

Te tengo que pedir un favor. El último. Necesito que te vayas definitivamente. No puedo seguir adelante si tu recuerdo doloroso me visita a cada momento. Quiero avanzar, dejar atrás el pasado y ser capaz de construir nuevos recuerdos.

Ayer fue un día genial, el mejor desde que desperté en medio de la peor pesadilla que uno podría temer. Ayer me sentí vivo de nuevo, pero los recuerdos, tu recuerdo, me impidieron disfrutarlo.

Sé que es un camino largo, que nunca volveré a ser la persona que era, pero ayer tuve sensaciones que creía imposible recuperar y me sentí bien. Sentí que merezco esta segunda oportunidad, pero para aprovecharla necesito que tu recuerdo no sea más que eso, un recuerdo. Te pido que no me acoses, que no me impidas vivir… No sabes cuánto me duele escribirlo…

Dudas

assorted_2009_duda

Tengo la impresión de estar inmerso en un sueño. No en el sentido romántico de la palabra, no porque sea una situación idílica, sino porque no me parece que lo que estoy viviendo sea real. Es como si mi vida de verdad hubiera hecho un paréntesis para permitirme experimentar una especie de juego.

Si me veo desde fuera no acabo de creerme que este tipo que ha dejado de pensar continuamente en su drama personal para preocuparse por otros dramas personales sea yo. Temo que en algún momento la burbuja explotará y volveré a sumirme en el pozo de la nostalgia.

Estos últimos días he conocido a varias personas con historias realmente trágicas, tanto o más que la mía. Algunas son ejemplo admirable de superación, de adaptación a la realidad, lo que demuestra que las personas ansiamos, ante todo, vivir, por muy duro que haya sido el camino.

Otras buscan, como yo, un nuevo comienzo, y lo que más me sorprende es que he llegado a compadecerme de alguna de esas historias. De hecho, ahora mismo formo parte de una de esas vidas destrozadas desde antes de empezar a vivirla. Me ha pedido ayuda, que le acompañe en este nuevo inicio, y aquí estoy, viviendo una vida que no es la mía y que, pensándolo fríamente, no sé si quiero vivir.

Una pausa en este viaje que espero que no sea a ninguna parte.

Cómo duele el recuerdo…

recuerdos

Temo que he empezado a recordar. Nadie puede sobreponerse nunca a la noticia de que su hijo ha muerto. A mí me lo dijeron casi tres semanas después de que ocurriera, estando en la cama de un hospital, sin poder moverme, habiendo sobrevivido milagrosamente al mismo accidente que se lo llevó a él. En aquel momento deseé no haber despertado del coma, pero no fui capaz de asimilar la pérdida. No lo haría del todo hasta regresar a casa, dos meses más tarde. Físicamente estaba bastante recuperado. No así mentalmente. Aún hoy no lo estoy. Es más, ahora mismo creo que me encuentro peor que nunca…, porque he empezado a recordar.

Mi mente borró el accidente. Es posible que sea una especie de mecanismo de defensa. Si no lo recuerdas es como si no hubiera pasado. Ojalá fuera así, pero para que funcionara como un verdadero escudo ante las desgracias debería haber borrado los seis años que compartí con él. Ahora que las imágenes de aquel día han empezado a volver, preferiría mantenerlo en la oscuridad.

Acabo de soñar con el accidente. Es la primera vez que se me aparece. Ha sido una escena corta, justo los segundos previos al impacto, y ahora no puedo borrar de mi cabeza la cara sonriente de Eloy. Una cara adorable, simpática, divertida, ajena a la inminente desgracia. Tener la certeza de que no volveré a ver esa sonrisa es insoportable. ¿Qué puedo hacer?

Dolor

corazón roto

Estoy de viaje. Tengo ratos de distracción en los que la memoria me da tregua, pero es difícil no caer continuamente en el recuerdo, casi siempre doloroso. La simple visión de un bonito paisaje me traslada a los días de felicidad junto a María, antes de ser padres, y siéndolo… La punzada continúa siendo terrible… ¿En algún momento dejará de serlo?

No sé si llegaré a perdonarla. Me pregunto a menudo si comprendo que me dejara y por qué lo hizo, si habría sido posible comenzar de nuevo los dos juntos. Hago el esfuerzo de ponerme en el papel de ella, y entiendo que el dolor la empujó a marcharse, pero… ¿tuvo que acabar todo así, borrando de un plumazo tantos años en los que fuimos felices?

Me duele tanto recordar a mi hijo, nuestro hijo, que todavía no sé qué siento realmente por la marcha de María. Me duele, pero se me hace muy difícil determinar cuánto, porque pensar en ello me lleva irremediablemente a recordar a Eloy; entonces el dolor se hace insoportable y me obliga a llorar las lágrimas que ya no tengo…

¿Cuánto tiempo puede continuar latiendo un corazón destrozado?

Quiero volver a vivir, pero me cuesta creer que sea posible con el corazón hecho añicos.

Jugar al azar

“Dejarse llevar suena demasiado bien.
Jugar al azar,
nunca saber dónde puedes terminar…
o empezar…”

Esta mañana he tomado la segunda decisión impulsiva en pocos días. La primera fue abrir este blog y volcar en él las sensaciones que creo que en cualquier momento me harán explotar. No sé cómo puedo soportarlo… Pero la verdad es que aquí estoy otra vez, tecleando para nadie, dejando por escrito que me voy, que he tomado la decisión de salir ahí fuera y descubrir si la vida todavía me depara algo.

La culpa la tiene esta canción. La han puesto esta mañana en la radio; no sé por qué me he parado a escucharla y luego la he buscado en Youtube. Dejarse llevar…, jugar al azar…, no saber dónde poder terminar o empezar… El impulso no ha sido esta vez escribir, sino hacer caso a la letra. Me voy de viaje, dejo atrás la nada que es mi existencia y ya veremos si también el dolor que me ahoga. No lo veo probable.