Los gatos toman el sol

Nájera

La parte histórica de Nájera.   Foto: turismoenpueblos.es

Estoy en Nájera, un bonito pueblo de La Rioja que hace mil años llegó a ser reino. Esta mañana he salido a pasear para conocer el lugar a donde me ha conducido el destino, ya veremos por cuánto tiempo.

La parte histórica se apiña en torno al monasterio de Santa María la Real, y todo el conjunto queda bajo la protección de una ladera montañosa salpicada de pequeñas cuevas cuyo origen no he acabado de descifrar.

Me he acercado al paseo que discurre paralelo al río, el Najerilla, que marca la división entre la Nájera moderna e industrial y la histórica. Hay varios puentes que lo atraviesan. Desde lo alto de uno de ellos he paseado la mirada por todo el entorno, y lo que me ha llamado más la atención no ha sido el paisaje, sino una anciana que se encontraba en el banco más cercano a mi ubicación.

Podía distinguir sus facciones con claridad. Profundas arrugas surcaban su rostro y tenía el pelo completamente blanco, recogido en dos largas trenzas que reposaban en su pecho y casi le llegaban hasta la cintura. La nariz aguileña y unos ojos oscuros de mirada profunda acababan por darle el inconfundible aspecto de una india americana. Vestía un abrigo de colores vivos y sonreía dejando entrever una dentadura aparentemente perfecta. Debía tener más de ochenta años, pero mi impresión es que se sentía joven, probablemente mucho más que yo.

Sin embargo, su aspecto no era lo más llamativo, sino el hecho de que estaba rodeada de una multitud de gatos de todos los colores y tamaños, que la acompañaban en su baño de sol primaveral. Parecía una estampa sacada de un cuento.

He estado un rato observándolos, y he contado hasta veinticuatro gatos. Los más jóvenes jugaban a revolcarse o a perseguir moscas y mariposas, mientras que los adultos descansaban junto a la anciana, en el mismo banco, sobre sus piernas, o enroscados a sus pies. La mujer los acariciaba y les susurraba palabras que juraría que los animales comprendían, aunque la mayor parte del tiempo simplemente reposaban en silencio. Al cabo de unos minutos la anciana ha decidido que era hora de marcharse, así que se ha incorporado y, apoyada en un bastón de madera, con pasos cortos y pausados, y rodeada de gatos, se ha dirigido hacia uno de los callejones que se perdían en el interior del pueblo.

Perdido. Así me siento yo…, y lo peor es que no sé si quiero encontrarme.

El primer impulso

Noche de luna llena.Autor: Luz A. Villa

Noche de luna llena.   Autor: Luz A. Villa

Me acabo de quedar en paro. Mi mujer me ha abandonado. Mi hijo de seis años murió en un accidente de tráfico. No sé si voy a ser capaz de salir adelante. En realidad, no sé si quiero salir adelante. Mi vida ahora mismo es lo suficientemente detestable para no tener ilusión por vivirla.

Antes del accidente había pensado en un par de ocasiones abrir un blog. Pensaba que podía escribir sobre cosas que me gustaban, como el cine y la pintura. No lo hice entonces, y hasta ahora no había vuelto a pensar en ello. La verdad es que no me apetece especialmente estar aquí… No me apetece nada… Pero en este momento he sentido la necesidad de desahogarme y por eso me he puesto a teclear. No sé si volveré a hacerlo. Quizás ni siquiera vuelva a entrar en esto que por el momento no siento que sea mi blog.

Ha sido una decisión impulsiva… Y pensándolo bien, llevaba seis meses sin hacer nada en respuesta a un impulso. ¿Será una buena señal? ¿Significará que me queda fuerza vital en esta alma destrozada? Quienquiera que lea esta estupidez quizás no lo descubra nunca… Puede que ni yo mismo lo haga… Es como el enfermo terminal que tras semanas de delirio recupera la lucidez para despedirse. No sé si será mi caso…