Ser consecuente

Oscar Wilde

Cuando una decide ser consecuente y guiar su vida en base a unos valores y unas reglas determinados, corre el riesgo de perder cosas muy buenas.

Al principio puede parecer absurdo, te puedes arrepentir y repetirte que estás siendo estúpida, pero a la larga ser consecuente siempre es la mejor opción.

Las últimas semanas he estado viviendo en una burbuja, parecía la protagonista de una historia de cuento. Me sentía una especie de Cenicienta o de Julia Roberts en ‘Pretty woman’ (obviando la parte prostituta del asunto). El problema es que yo no estaba enamorada del príncipe azul. Me sentía, más bien, su mejor amiga, con derecho a roce, sí, pero la magia se rompió cuando supe que él bebía los vientos por “su princesa”.

He sido honesta y consecuente, así que vuelvo a estar disponible. ¿He sido estúpida? Si fuera una persona superficial, de las que sueñan con sacrificar su dignidad por una vida de lujo, sin duda. Pero yo no volveré a sacrificar mi dignidad. No volveré a autoengañarme ni a engañar a quien confíe en mí, y mantener esa relación habría sido un engaño. No va conmigo; ya, no.

Quiero construir un relato sólido, que contraste con la mojigata que era, que sirva de ejemplo para mi hijo, no para que lo copie, sino para que crea de verdad en que el mejor camino es siempre el del respeto a uno mismo.

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Hay salida

Lirios

“Que mi propia experiencia pueda ser ejemplo para otras personas que lo están pasando mal me motiva a seguir escribiendo, a explicaros que, por difícil que resulte de creer, sí hay salida. Siempre la hay”.

El texto no es mío. Lo escribió Lorena hace unos días. La foto de Louise que pone cara a sus palabras, siempre motivadoras, es toda una declaración de intenciones, aunque me atrevo a decir que ella jamás saltaría desde un acantilado. Seguramente ese era el mejor final posible para la peli (siento chafárselo a quien no la haya visto), pero, como dice ella, “siempre hay salida”.

Estaréis de acuerdo conmigo en que es una persona ejemplar. He aprendido de sus textos, y sus comentarios me han ayudado a superar momentos de duda, que los he tenido (muchos) en los últimos meses.

“Hay salida”, dice Lorena. Cuando escribí el primer post, justo antes de iniciar este viaje en busca de la mía, habría leído algo así con una mueca de escepticismo. Pero ahora le tengo que dar la razón.

El pasado no se olvida, viaja en una mochila que puede ser muy pesada y destrozarnos la espalda, pero la vida avanza y quién sabe en qué esquina podemos encontrar a quien nos ayude a cargarla. Yo he encontrado a ese alguien. Jamás imaginé que algo así fuera posible, que volvieran a sorprenderme y a motivarme como lo hace ella.

Enamorarse cuando uno no sabe nada de la vida más que lo que le transmiten los sentidos es fácil, pero cuando la vida te ha destrozado sin piedad lo normal es darse por vencido y pensar que el corazón no se regenera.

Es otra clase de amor, eso sí, quizás del que no esperas más que vivirlo al día. No sé si mi corazón se recuperaría de un nuevo golpe, pero ahora no pienso en ello. Lo que tengo es un regalo inesperado que me ha enseñado a descubrir que hay vida después de la no vida.

Hay salida. La verdad, no sé si siempre. Puede que haya para quien la salida sea el darse por vencido. No seré yo quien lo critique. Al contrario, lo comprendo porque yo mismo he avistado esa salida en mi viaje a alguna parte.

Que iba a alguna parte lo supe no hace mucho. Al inicio del camino sólo sabía que viajaba. Ni mucho menos estaba descartado el salto desde el acantilado…

Gracias, Lorena, por ofrecerme la mano para mantenerme en pie y ayudarme a trazar mi camino.

Me gusta mi vida

Thelma & Louise

Sé que corro el riesgo de parecer uno de esos gurús que sueltan frases de autoayuda que quedan tan bien junto a una bonita foto en los muros de Facebook. “La vida es lo que tú quieres que sea”. “No pierdas el tiempo lamentando el pasado y disfruta del presente”. “Cuando una puerta se cierra, otra se abre”. “La vida es como un huerto, que nos regala frutos en función de las semillas que hayamos plantado”.

Vale, la última es cosecha propia, pero las hay muy parecidas. Os invito a que dejéis en los comentarios otras que hayáis leído o que se os hayan ocurrido. Luego podemos elegir las mejores… Bueno, que me enrollo. Lo que os quería decir es que no sé si esos gurús tienen o no razón. Yo nunca he leído libros de autoayuda, y mirad que he tenido motivos para hacerlo… La verdad es que posiblemente este blog haya cumplido esa función.

Que mi propia experiencia pueda ser ejemplo para otras personas que lo están pasando mal me motiva a seguir escribiendo, a explicaros que, por difícil que resulte de creer, sí hay salida. Siempre la hay.

Yo lo he pasado muy mal. Me llegué a sentir anulada como persona, pero eso forma parte del pasado. No hay que olvidarlo para no perder el norte, pero ya está. No podemos refugiarnos en la desgracia ni tomarla como excusa para no actuar.

Os tengo que decir, y no sabéis cuánto me alegro de hacerlo, que me gusta mi vida. He descubierto una Lorena que nunca habría imaginado que existiera, pero no ha surgido como por arte de magia. He sido yo misma, gracias también a todo lo que arrastro, quien la ha moldeado. Soy una persona diferente. Nuestras experiencias necesariamente nos marcan, y en mi caso debo deciros que lo han hecho para mejorar. Ahora soy una mujer orgullosa de serlo; orgullosa de mis virtudes y mis defectos; con la capacidad para elegir qué quiero hacer y con quién quiero hacerlo. Os lo decía el otro día: yo dirijo mi vida y soy la responsable de todas las decisiones que me afectan.

Carta a mi pasado

mar

Hola, María.

Anoche pensé en ti. Lo hago de vez en cuando, pero esta vez te colaste en mis pensamientos sin pedir permiso. Te echo de menos. Sería mentirme a mí mismo no reconocerlo. Echo de menos tu risa, tu pelo revuelto, tu aroma, tus besos. Echo de menos nuestras discusiones, tus enfados, tus reproches, las reconciliaciones en torno a una tableta de chocolate negro.

Te echo tanto de menos que me duele pensar en ti y, sobre todo, me duele la forma como te fuiste. Entonces no fui consciente de cuánto me dolía, pero ahora sí. Ahora que noto que empiezo a ser una persona viva otra vez, que he dejado de ser un zombi, es cuando más siento el dolor por lo que pasó y cuando menos comprendo que me dejaras de la forma como lo hiciste.

Te tengo que pedir un favor. El último. Necesito que te vayas definitivamente. No puedo seguir adelante si tu recuerdo doloroso me visita a cada momento. Quiero avanzar, dejar atrás el pasado y ser capaz de construir nuevos recuerdos.

Ayer fue un día genial, el mejor desde que desperté en medio de la peor pesadilla que uno podría temer. Ayer me sentí vivo de nuevo, pero los recuerdos, tu recuerdo, me impidieron disfrutarlo.

Sé que es un camino largo, que nunca volveré a ser la persona que era, pero ayer tuve sensaciones que creía imposible recuperar y me sentí bien. Sentí que merezco esta segunda oportunidad, pero para aprovecharla necesito que tu recuerdo no sea más que eso, un recuerdo. Te pido que no me acoses, que no me impidas vivir… No sabes cuánto me duele escribirlo…

Ahora controlo las riendas de mi vida

Autora: Alicia Heredia

Fantástica foto de Alicia Heredia.

Por fin he vuelto. Me tenéis que disculpar por haber estado desaparecida tantos días, pero es que últimamente me han pasado muchas cosas y he necesitado un poco de tiempo para asimilar los cambios.

La tercera impresión fue buena. Nunca pensé que pudiera congeniar con alguien tan diferente a mí.

Os tengo que hacer una confesión. El encuentro inesperado que tuve en Tenerife fue con el tipo que provocó que me echaran del trabajo en el aeropuerto. Es difícil de creer, pero prometo que es cierto.

Está tan forrado como sospechaba y es un cabrón, pero no tanto como creía. Tiene salvación.

Hablamos mucho, la noche que escribí el post anterior y los días siguientes. Se disculpó y me ofreció la posibilidad de incluirme en algún proceso de selección de las muchas empresas donde tiene contactos.

¿Sabéis qué? He estado toda la vida puteada, incluso cuando no era consciente de ello. Nunca he tenido enchufe en ningún sitio y se me ha quedado la misma cara de tonta que a la mayoría de los que leéis esto cuando he visto cómo un empleo que parecía hecho a mi medida se lo daban al enchufado de turno. He tenido que trabajar por cuatro duros, un montón de horas todos los días, para salir adelante. No os estoy contando nada que no sepáis por experiencia propia. Vivimos en un país de mierda donde el mérito que más se valora es tener buenos contactos.

Pues bien, yo por fin tengo uno buenísimo. Un pastoso forrado hasta las cejas, que nunca entenderé por qué ha entrado en mi vida, pero que, desde luego, me la está cambiando.

Hace tres días me hicieron una entrevista para un puesto administrativo en las oficinas de Barcelona de una importante empresa tecnológica. Mi “enchufe” me aseguró que lo único que iba a hacer por mí era conseguir que me incluyeran en el proceso de selección, así que que me contratasen o no dependería de mis aptitudes. No sé si intercedió o no, si la entrevista y la prueba práctica (muy completita, por cierto) fueron un paripé, pero me da igual. Lo importante es que por fin tengo un empleo digno, con un sueldo digno, unas condiciones laborales dignas, vacaciones y los fines de semana libres para disfrutar de mi hijo y hacer lo que nos dé la gana.

Al final resulta que aquel incidente en el aeropuerto fue una de las mejores cosas que han pasado en la vida. Ya no necesito ni quiero trabajar doce horas diarias, no necesito tres miniempleos para pagar las facturas. Voy a poder ir a buscar a mi hijo al cole y llevarlo al parque todas las tardes.

Cuando echo la vista atrás me doy cuenta de lo mucho que he crecido como persona. Ya hace tiempo que dejé de ser una mojigata con la personalidad anulada por un gilipollas del que me resulta incomprensible que llegara a enamorarme. Cuando se largó me convertí en una amargada en batalla constante contra el mundo, pero ya no. Ahora controlo las riendas de mi vida. He decidido pasarlo bien y aprovechar todas las oportunidades que se me presenten para sentirme una mujer poderosa. No sé explicar cómo ni por qué he experimentado esta evolución, pero sí sé que ahora siento que lo que sucede a mi alrededor depende de mí. Soy yo quien provoca los cambios, y ése es un poder inigualable.